El viaje transoceánico entre España e Indias era una experiencia sacrificada. En primer lugar, las naves estaban pensadas sólo para llevar tripulación y carga, no los 20 o 30 pasajeros que solían embarcarse. Entonces, ¿dónde se acomodaban éstos? En algunas pocas naves existían cámaras para 12, 6 o 3 personas, pero a veces tocaba lo que le tocó al oidor Eugenio de Salazar que viajaba con esposa y dos hijos, quien debió contentarse con una camarilla que medía 0,63m. de altura y 1,05m. de largo. ¿Y qué ocurría con los pasajeros que no podían darse el “lujo” de una cámara? Se ubicaban en algún lugar de la cubierta donde pasaban el día, comían y dormían apretujados, sometidos a la intemperie pues sólo en caso de tempestad les permitían bajar a la sentina que, por otra parte, siempre estaba maloliente. Muy pocos lograban gozar de un espacio en la cabina del capitán, pero este privilegio era sólo para funcionarios o grandes personajes.
Uno de los aspectos más desagradables del viaje era la falta de intimidad ya que todo se hacía a la vista de los restantes viajeros, incluso las necesidades en las letrinas ubicadas a cielo abierto, o bien en las ballesteras destinadas a hacer disparos de artillería que así adquirían una nueva función.
domingo, 16 de agosto de 2015
La mortandad entre los viajeros a Las Indias
Poco suele hablarse de la mortandad que se producía entre quienes viajaban de España a Indias que, antes de llegar a su destino americano, pasaban por varias pruebas de supervivencia.
La primera era el viaje transoceánico durante el cual padecían la amenaza de naufragios; de ataques de piratas y corsarios; de enfermedades provocadas por la mala alimentación -como el escorbuto-; por el hacinamiento; por plagas transmitidas por ratas, pulgas, piojos, chinches y cucarachas que superaban en varias cifras el número de los humanos; por la falta de higiene a la que contribuirían los animales originarios del Viejo Mundo que se llevaban en las naves: caballos, vacas, gallinas, etc.
Y cuando el viajero llegaba a las Indias le esperaba la segunda prueba de supervivencia ya que desembarcaban en puertos situados en tierras calientes como Santo Domingo, La Habana, Veracruz, Cartagena, Nombre de Dios o Portobello donde a menudo contraían enfermedades endémicas como la malaria. A aquellos que viajaban al Perú les aguardaba otra prueba más: atravesar el Istmo de Panamá una de las regiones más malsanas del mundo, para llegar al Océano Pacífico donde volvían a embarcarse rumbo a su destino. Es decir, que había una implacable selección natural a causa de la que, según algunos investigadores, moría el 15% de los viajeros, según otros, el 25%.
La primera era el viaje transoceánico durante el cual padecían la amenaza de naufragios; de ataques de piratas y corsarios; de enfermedades provocadas por la mala alimentación -como el escorbuto-; por el hacinamiento; por plagas transmitidas por ratas, pulgas, piojos, chinches y cucarachas que superaban en varias cifras el número de los humanos; por la falta de higiene a la que contribuirían los animales originarios del Viejo Mundo que se llevaban en las naves: caballos, vacas, gallinas, etc.
Y cuando el viajero llegaba a las Indias le esperaba la segunda prueba de supervivencia ya que desembarcaban en puertos situados en tierras calientes como Santo Domingo, La Habana, Veracruz, Cartagena, Nombre de Dios o Portobello donde a menudo contraían enfermedades endémicas como la malaria. A aquellos que viajaban al Perú les aguardaba otra prueba más: atravesar el Istmo de Panamá una de las regiones más malsanas del mundo, para llegar al Océano Pacífico donde volvían a embarcarse rumbo a su destino. Es decir, que había una implacable selección natural a causa de la que, según algunos investigadores, moría el 15% de los viajeros, según otros, el 25%.
viernes, 14 de agosto de 2015
Los primeros españoles en America
En 1493, en su segundo viaje, Cristóbal Colón fundó en actual Santo Domingo la primera ciudad hispana en América a la que llamó Isabela en homenaje a la reina Isabel la Católica. A partir de esa fecha hasta el final del siglo XVI vinieron desde España entre 250.000 y 280.000 inmigrantes de los cuales el 25% eran mujeres. Sus edades oscilaban entre los 14 y los 30 años. La mayoría era originaria de Andalucía seguida por los originarios de Castilla y Extremadura y, en menor escala, del país vasco y Galicia. Se establecieron en el continente fundando más de 200 ciudades en un área que se extendía desde el sur de Estados Unidos hasta Valdivia en Chile, y Mendoza y el Río de la Plata en Argentina.
martes, 5 de mayo de 2015
Juan de Betanzos, cronista de los Incas.
Uno de los más eminentes cronistas de la conquista del Perú fue Juan de Betanzos. Se calcula que nació en 1510, aunque se desconoce el lugar de nacimiento. Llegó al Perú en 1532 con la hueste de Francisco Pizarro por lo que estuvo presente desde el inicio de la conquista del Tahuantinsuyu o imperio incaico. En 1542 se casó con la princesa Añas Kollke, bautizada Angelina Yupanqui, hija de Huayna Cápac -el último gran emperador inca- y hermana de Atahuallpa, el postrero de la dinastía.
Fue uno de los primeros españoles en aprender el quichua, lengua que llegó a dominar con tal perfección, que no sólo dos veces actuó como mediador en delicadas negociaciones de paz con indígenas rebeldes, sino que compuso un Vocabulario que resultó ser el primer Diccionario quichua-español e hizo una traducción de la Doctrina Cristiana para auxiliar la labor de catequización de los misioneros. Sin embargo su obra máxima es la monumental Suma y narración de los incas imprescindible para todo aquél que quiera conocer lo ocurrido en el Perú durante los períodos incaico e hispánico.
La escribió por mandato del virrey don Antonio de Mendoza y en ella volcó el conocimiento de la historia del Tahuantinsuyu adquirido a través del trato habitual con integrantes de la nobleza incaica emparentada con su esposa de quienes recibió información de primera fuente. La obra consta de dos partes y trata desde los orígenes mitológicos de los incas, hasta su caída final debida no sólo a la conquista española, sino a la terrible guerra fratricida entre los hermanos Huáscar y Atahuallpa por la posesión del trono, guerra que debilitó al imperio al dividirlo por el odio entre las partes.
Betanzos, con su esposa Angelina se radicó en la ciudad de Cuzco, en el elegante barrio de Carmenca y tuvo una sola hija llamada María Betanzos Yupanqui. Murió en esa ciudad en 1576.
jueves, 16 de abril de 2015
El Quichua, la Lengua del Cuzco o Lengua General.
Una característica singular de la América prehispánica fue la extraordinaria variedad de lenguas existente, fenómeno que no se daba en el Viejo Mundo. Así, Pedro Cieza de León al relatar al avance español sobre el área andina sudamericana, escribe que de una comarca a otra había tan diferentes lenguas que era menester llevar muchos intérpretes para andar por ellas.
No eran los primeros conquistadores en encontrarse con este obstáculo comunicacional pues antes lo experimentaron los incas en sus objetivos imperialistas, pero el ejecutivo Pachacútec supo ponerle remedio tomando una medida drástica y genial: ordenó que todos los pueblos conquistados incorporados el Tahuantinsuyu o imperio inca, aprendieran la lengua general o lengua del Cuzco o quichua.
De esta manera logró -como testimonia el mismo Cieza de León- que los diversos pueblos hablaran, en más de mil doscientas leguas… la lengua general de los ingas que es la que se usaba en el Cuzco… porque los señores ingas lo mandaban y castigaban a los padres si la dejaban de mostrar -enseñar- a sus hijos en la niñez. Sin embargo permitían conservar la lengua regional con el resultado de que todos los habitantes del imperio eran bilingües y un ejemplo fueron los de los Valles Calchaquíes que hablaban tanto quichua como su lengua madre, el kakán.
Esta unidad idiomática consolidó la unidad del imperio de manera que era posible viajar desde Quito, en Ecuador, hasta los ríos Maule, en Chile, y Diamante, en Argentina, comunicándose mediante ese idioma. Su uso se extendió hasta la llanura tucumano-santiagueña no obstante no haber sido ésta conquistada por los incas, tanto que los expedicionarios de Diego de Rojas se valieron de él para hacer contacto con los aborígenes.
No eran los primeros conquistadores en encontrarse con este obstáculo comunicacional pues antes lo experimentaron los incas en sus objetivos imperialistas, pero el ejecutivo Pachacútec supo ponerle remedio tomando una medida drástica y genial: ordenó que todos los pueblos conquistados incorporados el Tahuantinsuyu o imperio inca, aprendieran la lengua general o lengua del Cuzco o quichua.
De esta manera logró -como testimonia el mismo Cieza de León- que los diversos pueblos hablaran, en más de mil doscientas leguas… la lengua general de los ingas que es la que se usaba en el Cuzco… porque los señores ingas lo mandaban y castigaban a los padres si la dejaban de mostrar -enseñar- a sus hijos en la niñez. Sin embargo permitían conservar la lengua regional con el resultado de que todos los habitantes del imperio eran bilingües y un ejemplo fueron los de los Valles Calchaquíes que hablaban tanto quichua como su lengua madre, el kakán.
Esta unidad idiomática consolidó la unidad del imperio de manera que era posible viajar desde Quito, en Ecuador, hasta los ríos Maule, en Chile, y Diamante, en Argentina, comunicándose mediante ese idioma. Su uso se extendió hasta la llanura tucumano-santiagueña no obstante no haber sido ésta conquistada por los incas, tanto que los expedicionarios de Diego de Rojas se valieron de él para hacer contacto con los aborígenes.
El Quipu
De entre los aborígenes americanos que alcanzaron un alto desarrollo cultural sólo los mayas tuvieron un sistema de escritura. Estaba compuesto por logófrigos que representaban ideas y por glifos, que representaban sonidos por lo cual resultaba sumamente complejo y sólo manejable por expertos. En cambio, aztecas e incas carecieron de escritura, aunque estos últimos crearon el quipu, que si bien no se equiparaba a la escritura, era un eficiente sistema de contabilidad que debía ser acompañado por una explicación verbal.
¿Qué es el quipu? Comencemos diciendo que la palabra pertenece a la lengua quichua y significa nudo. Los expertos lo describen como un recurso mnemotécnico para ayudar a la memoria, pero yo lo defino como la calculadora de lana -pues estaba hecho de lana de llama- y por la descripción que haré comprobarán que la comparación no es desacertada.
Estaba constituido por un cordel principal de entre 0,30 a más de 1m. de longitud. De él pendían cordeles de distinto largo, puestos ordenadamente de mayor a menor, cada uno de un diferente color: verde, azul, amarillo, blanco y rojo, en los que se hacían series de nudos.
No cualquiera sabía valerse del quipu y los expertos se denominaban quipu-camayoc, que podríamos traducir como contador o técnico en quipus. El cronista Pedro Cieza de León que conversó con varios de ellos para que le explicaran su uso, nos dice que los nudos contaban de uno al diez, del diez al cien y del cien al mil. ¿Y qué contaban? La respuesta es todo pues los soberanos incas eran realmente fanáticos de las estadísticas como medio de conocer -para luego disponer- de todo lo existente en el imperio. Cada gobernante de provincia -continúa Cieza- tenía contadores que, mediante nudos hechos en los cordeles, recogían las cifras de cuántos varones, mujeres y niños vivían en determinado pueblo; de qué cantidad de alimento cosechaban; de cuántas llamas tenían en sus rebaños. Esta información le servía al soberano para señalar el tributo que cada pueblo debía dar, que incluía desde Vírgenes Escogidas, hombres para la guerra o para las obras públicas tales como caminos y edificios, hasta maíz, charqui (carne seca), ropa, calzado, leña. Todo ello se guardaba -bajo la contabilidad de quipu-camayocs- en los depósitos distribuidos a lo largo de los caminos del imperio para abastecer al Inca y sus ejércitos conquistadores durante la marcha. El cronista, admirado de la perfección del sistema estadístico creado por los incas, comentaba que todo era hecho ¡con tanta exactitud [que] no se ha de haber extraviado ni un par de sandalias!
¿Qué es el quipu? Comencemos diciendo que la palabra pertenece a la lengua quichua y significa nudo. Los expertos lo describen como un recurso mnemotécnico para ayudar a la memoria, pero yo lo defino como la calculadora de lana -pues estaba hecho de lana de llama- y por la descripción que haré comprobarán que la comparación no es desacertada.
Estaba constituido por un cordel principal de entre 0,30 a más de 1m. de longitud. De él pendían cordeles de distinto largo, puestos ordenadamente de mayor a menor, cada uno de un diferente color: verde, azul, amarillo, blanco y rojo, en los que se hacían series de nudos.
No cualquiera sabía valerse del quipu y los expertos se denominaban quipu-camayoc, que podríamos traducir como contador o técnico en quipus. El cronista Pedro Cieza de León que conversó con varios de ellos para que le explicaran su uso, nos dice que los nudos contaban de uno al diez, del diez al cien y del cien al mil. ¿Y qué contaban? La respuesta es todo pues los soberanos incas eran realmente fanáticos de las estadísticas como medio de conocer -para luego disponer- de todo lo existente en el imperio. Cada gobernante de provincia -continúa Cieza- tenía contadores que, mediante nudos hechos en los cordeles, recogían las cifras de cuántos varones, mujeres y niños vivían en determinado pueblo; de qué cantidad de alimento cosechaban; de cuántas llamas tenían en sus rebaños. Esta información le servía al soberano para señalar el tributo que cada pueblo debía dar, que incluía desde Vírgenes Escogidas, hombres para la guerra o para las obras públicas tales como caminos y edificios, hasta maíz, charqui (carne seca), ropa, calzado, leña. Todo ello se guardaba -bajo la contabilidad de quipu-camayocs- en los depósitos distribuidos a lo largo de los caminos del imperio para abastecer al Inca y sus ejércitos conquistadores durante la marcha. El cronista, admirado de la perfección del sistema estadístico creado por los incas, comentaba que todo era hecho ¡con tanta exactitud [que] no se ha de haber extraviado ni un par de sandalias!
La ciudad de Potosí
La Cordillera de los Andes, sobre todo en su área central, es una de las regiones del globo terráqueo más abundantes en metales preciosos. El paradigma es el legendario cerro de Potosí situado en el extremo sudeste del altiplano boliviano.
La riqueza de sus yacimientos se descubrió por casualidad. Fue un día de abril de 1545 cuando un indio yanacona llamado Diego Gualpa ascendía la empinada cuesta hacia un santuario ubicado en la cima del cerro. Soplaba el fuerte viento típico de la región por lo que, en cierto momento, para no caer, se aferró a una peña en la que reconoció señas inequívocas de mineral de plata. Contó el suceso a su amo quien examinó el terreno y descubrió cinco vetas extraordinariamente ricas. Como es de imaginar, la noticia cundió y entonces no sólo comenzó la explotación del cerro, sino que en sus inmediaciones, y no obstante la inhóspita aridez del lugar, comenzó a formarse una ciudad que se llamó, también, Potosí, nombre que se transformó en sinónimo de pronta fortuna. Creció velozmente; Carlos V le concedió el título de Villa Imperial y un escudo que lucía la leyenda Tesoro del mundo y envidia de los reyes.
En 1570 recibió la visita del virrey Francisco de Toledo quien al comprobar que la producción de plata se hacía usando métodos primitivos, con el fin de incentivarla convocó a empresarios mineros para proponerles la construcción de molinos hidráulicos destinados a preparar el mineral para el tratamiento con mercurio, método de avanzada recientemente descubierto. Su propuesta fue aceptada y cuatro millonarios hicieron posible una obra de ingeniería sorprendente para el siglo XVI. Consistió en la construcción de un lago para recoger el agua de lluvia, más un sistema de treinta y dos lagos menores, un canal de 16kms. de extensión, dieciocho represas y cientos de molinos.
Al incrementarse la producción la riqueza de Potosí creció a niveles legendarios. Se erigió en la mayor urbe minera del imperio español y contaba con 150.000 habitantes, cifra muy alta para aquellos tiempos, equiparable a la de Madrid, Sevilla y Londres, las tres más populosas urbes europeas. A fines del siglo XVI la ciudad no sólo era la sede de la Casa de la Moneda donde se acuñaba el circulante del Virreinato del Perú, sino que contaba con señoriales mansiones y espléndidas iglesias barrocas. Sus habitantes eran famosos por el lujo ostentoso con que vivían y por su afición a fiestas y diversiones. Baste decir que contaba con catorce salas de baile, treinta y seis casinos a los que concurrían unos ochocientos jugadores profesionales, un teatro y prostíbulos atendidos por ciento veinte prostitutas. A esto hay que sumar la pintoresca y colorida feria popular que se celebraba en la plaza central a la cual concurrían pobladores de toda la comarca, cada uno con su ropa típica, a vender sus productos, uno de ellos las preciadas hojas de coca.
Entre los mercaderes se contaban los provenientes del Tucumán para quienes Potosí era su principal mercado. Llevaban a vender las producciones de su tierra, desde mulas para el trabajo minero, ganado y maderas hasta ropa de la tierra, cuero y miel silvestre recogida de sus selvas subtropicales.
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La riqueza de sus yacimientos se descubrió por casualidad. Fue un día de abril de 1545 cuando un indio yanacona llamado Diego Gualpa ascendía la empinada cuesta hacia un santuario ubicado en la cima del cerro. Soplaba el fuerte viento típico de la región por lo que, en cierto momento, para no caer, se aferró a una peña en la que reconoció señas inequívocas de mineral de plata. Contó el suceso a su amo quien examinó el terreno y descubrió cinco vetas extraordinariamente ricas. Como es de imaginar, la noticia cundió y entonces no sólo comenzó la explotación del cerro, sino que en sus inmediaciones, y no obstante la inhóspita aridez del lugar, comenzó a formarse una ciudad que se llamó, también, Potosí, nombre que se transformó en sinónimo de pronta fortuna. Creció velozmente; Carlos V le concedió el título de Villa Imperial y un escudo que lucía la leyenda Tesoro del mundo y envidia de los reyes.
En 1570 recibió la visita del virrey Francisco de Toledo quien al comprobar que la producción de plata se hacía usando métodos primitivos, con el fin de incentivarla convocó a empresarios mineros para proponerles la construcción de molinos hidráulicos destinados a preparar el mineral para el tratamiento con mercurio, método de avanzada recientemente descubierto. Su propuesta fue aceptada y cuatro millonarios hicieron posible una obra de ingeniería sorprendente para el siglo XVI. Consistió en la construcción de un lago para recoger el agua de lluvia, más un sistema de treinta y dos lagos menores, un canal de 16kms. de extensión, dieciocho represas y cientos de molinos.
Al incrementarse la producción la riqueza de Potosí creció a niveles legendarios. Se erigió en la mayor urbe minera del imperio español y contaba con 150.000 habitantes, cifra muy alta para aquellos tiempos, equiparable a la de Madrid, Sevilla y Londres, las tres más populosas urbes europeas. A fines del siglo XVI la ciudad no sólo era la sede de la Casa de la Moneda donde se acuñaba el circulante del Virreinato del Perú, sino que contaba con señoriales mansiones y espléndidas iglesias barrocas. Sus habitantes eran famosos por el lujo ostentoso con que vivían y por su afición a fiestas y diversiones. Baste decir que contaba con catorce salas de baile, treinta y seis casinos a los que concurrían unos ochocientos jugadores profesionales, un teatro y prostíbulos atendidos por ciento veinte prostitutas. A esto hay que sumar la pintoresca y colorida feria popular que se celebraba en la plaza central a la cual concurrían pobladores de toda la comarca, cada uno con su ropa típica, a vender sus productos, uno de ellos las preciadas hojas de coca.
Entre los mercaderes se contaban los provenientes del Tucumán para quienes Potosí era su principal mercado. Llevaban a vender las producciones de su tierra, desde mulas para el trabajo minero, ganado y maderas hasta ropa de la tierra, cuero y miel silvestre recogida de sus selvas subtropicales.
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